Blog de Angel L. Perez

SE MARCHÓ NUESTRO GORRIÓN

Plegó sus alas la flor.

Y replegaron sus ramas,

los robles de alrededor.

Todo en silencio quedó.

Cuando el gorrión fue cayendo,

desde su nido hasta el suelo.

La inmensa boca del viento,

se cerró como una losa.

Mudo quedó su silbido.

En silencio como estatuas,

las grullas y los felinos.

Pendientes en una hoja,

quedaron las mariposas.

Todo en suspenso quedó.

Un silencio de ultratumba,

en el oscuro subsuelo.

Como una profunda fosa,

en la sima de los sueños.

Una nube de dolor.

Recorriendo el firmamento.

Fue apagando los luceros.

Las estrellas se eclipsaron.

Las galaxias se ocultaron,

en el espacio infinito.

Y los planetas pararon,

en sus infinitos giros.

El Sol se vistió de gris.

Y la Luna se ocultó,

en la siniestra penumbra.

Llorando lágrimas negras,

entre las sombras profundas.

Se ha perdido la armonía,

del nido en el que habitaba.

Un silencio reprimido,

seca las tibias gargantas.

Y un temblor imperceptible,

a sus gestos acompaña.

Se marchó nuestro gorrión.

Se fué volando hasta el centro.

Donde la Madre le abraza,

en su terrosa morada.

Y va sonando una nana,

mientras su voz le acaricia.

Dando consuelo a su alma.

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